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EL CIELO

31

El estado de inocencia de los ángeles en el Cielo

276. Lo que es inocencia y cual es su carácter es poco conocido en el mundo, y absolutamente desconocido por los que se hallan en el mal; aparece por cierto delante de los ojos por conducto del rostro, del habla y de los gestos, principalmente en los niños; sin embargo, se ignora lo que es, y ninguna idea se tiene de que en ella se oculta el cielo en el hombre. Para su divulgación procederé por su orden a hablar primero de la inocencia de la infancia, y luego de la inocencia de la sabiduría, y finalmente del estado del cielo con respecto a la inocencia.

277. La inocencia de la infancia o de los niños no es la inocencia genuina, porque sólo existe en forma exterior y no en forma interior; no obstante, se puede por ella conocer de que carácter es la inocencia, porque trasluce en sus rostros, en algunos de sus gestos y en su primer hablar, produciendo impresión a pesar de que no tienen pensamiento interno; porque ignoran todavía lo que es el bien, y lo que es el mal, lo que es la verdad, y lo que es la mentira, de cuyo conocimiento proviene el pensamiento; por eso no tienen circunspección de y por sí mismos, ni intención ni deliberación y por consiguiente tampoco mala intención; no tienen una naturaleza propia, adquirida por el amor a sí mismo y por el amor al mundo, no se atribuyen cosa alguna a sí mismos, todo agradecen a sus padres, contentos de las pocas e insignificantes cosas, que les son regaladas, se alegran de ellas; no tienen cuidados por el alimento y los vestidos ni por las cosas venideras; no miran al mundo ni apetecen muchas cosas del mismo, aman a sus padres, a su nodriza y a sus pequeños compañeros, con quienes juegan inocentemente; se dejan conducir, atienden y obedecen; y, puesto que están en este estado, admiten bien todas las cosas en su vivir; de ahí tienen, sin saber de donde, modales decentes; de ahí tienen su hablar y de ahí tienen un principio de memoria y pensamiento, para cuyo recibimiento e  implantación o su estado de inocencia les sirve como medio. Pero esta inocencia, como se ha dicho arriba, es exterior, puesto que sólo es del cuerpo, no de la mente; su mente no está todavía formada, porque la mente es el entendimiento y la voluntad y por ello el pensamiento y la inclinación. Me han dicho del cielo que los niños están con preferencia bajo el auspicio del Señor, y el influjo tiene lugar desde el íntimo cielo, donde existe el estado de inocencia; que el influjo traspasa sus cosas interiores y que al traspasarlas no las afecta más que por medio de la inocencia; que por ello la inocencia aparece en el rostro y en algunos gestos y que ella es lo que íntimamente afecta a los padres, causando así el amor que se llama amor paternal (storgé).

278. La inocencia de la sabiduría es genuina inocencia puesto que es interna, porque se halla en la mente misma, es decir, en la voluntad misma, y de consiguiente en el entendimiento, y cuando en estos hay inocencia, hay también sabiduría, porque la sabiduría viene de ellos. Por eso se dice en el cielo que la inocencia habita en la sabiduría, y que los ángeles tanto tienen sabiduría cuanto tienen inocencia.   Esto confirman por el hecho de que aquellos que se hallan en el estado de inocencia no se atribuyen a sí mismos bien alguno, sino que atribuyen y dedican todo al Señor; quieren ser guiados por Él y no por sí mismos, aman todo lo que es bueno y se alegran de todo lo que es verdad, puesto que saben y perciben que amar el bien, es decir, quererlo y hacerlo, es amar al Señor, y amar la verdad es amar al prójimo; viven contentos con lo que tienen, sea poco o mucho, puesto que saben que reciben cuanto les es útil; poco a quienes conviene poco; mucho a quienes conviene mucho, y que ellos no saben lo que les es útil sino el Señor sólo, quien mira a su bien eternal en todas las cosas que proporciona; de ahí que no experimentan inquietud alguna por las cosas futuras; inquietud por las cosas futuras llaman cuidados del día de mañana, y esto dicen que es temor de perder, o de no recibir, cosas que no son necesarias a los usos de la vida; con compañeros nunca obran con malos fines, sino con amor, justa y sinceramente; obrar con malos fines llaman astucia, de la cual huyen como del veneno de una serpiente, puesto que es completamente opuesta a la inocencia, siendo así que nada aman mejor que el ser conducidos por el Señor, y puesto que todo lo atribuyen a Él, se hallan por lo tanto apartados de lo suyo propio, y tanto como se hallan apartados de lo suyo propio, tanto influye el Señor; de ahí que cuanto de Él oyen, sea mediante el Verbo, sea mediante predicaciones, no lo depositan en la memoria, sino que lo obedecen inmediatamente, es decir, lo quieren y lo hacen; la voluntad es la verdadera memoria de ellos; estos parecen por la mayor parte sencillos en cuanto a la forma exterior, pero son sabios y prudentes en lo interior; a estos aludió el Señor cuando dijo:

Seáis prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mateo 10: 16).

Tal es la inocencia que se llámala inocencia de la sabiduría. Puesto que la inocencia ningún bien atribuye a sí misma, atribuyendo, al contrario, todo bien al Señor y puesto que así ama a ser conducida por el Señor, recibiendo por ello en sí todas las cosas del bien y de la verdad, de las cuales viene la sabiduría, por esto mismo el hombre es creado de manera que durante su niñez puede estar en inocencia pero en una inocencia exterior, mientras que al envejecer, puede estar en una inocencia interior, a fin de que mediante la primera puede entrar en la segunda y por esta en la primera, por lo cual el hombre, al envejecer también decrece en cuanto al cuerpo y se vuelve otra vez como niño, pero como un niño sabio, es decir, como un ángel, porque un niño sabio, en sentido eminente, es un ángel; es por esto que en el Verbo "niño" significa un inocente, y "anciano" un sabio en quien hay inocencia.

279. Cosa igual sucede con todo el que es regenerado. La regeneración es un nacimiento nuevo con respecto al hombre espiritual, primero es introducido en esa inocencia de la infancia, en la que por sí mismo nada sabe de verdad, y nada de bien por sí mismo, puede hacer sino tan sólo por el Señor y que anhela y apetece la verdad y el bien por la sola razón de que son verdad y bien; el Señor le da en efecto la verdad y el bien conforme progresa en edad, le conduce primero a conocerlos luego del conocimiento a la inteligencia y por fin de la inteligencia a la sabiduría, siempre acompañando la inocencia, la cual, como queda dicho, consiste en que nada de verdad sabe por sí mismo, y nada de bien por sí mismo puede hacer sino por el Señor; ninguno puede, sin esta fe y la percepción de ella, recibir cosa alguna del cielo; en ella consiste principalmente la inocencia de la sabiduría.

280. Puesto que la inocencia consiste en ser conducido por el Señor y no por sí mismo, se hallan en inocencia todos los que están en el cielo, porque todos los que están allí aman a ser conducidos por el Señor; saben que conducirse por sí mismos es ser conducido por lo suyo propio, y lo suyo propio es amar a sí mismo, y él que se ama a sí mismo no se deja conducir por otro; de ahí viene, que cuanto un ángel se halla en inocencia, tanto se halla en el cielo, esto es, tanto se halla en el Divino bien y en la Divina verdad, porque hallarse en estos es hallarse en el cielo. Por eso los cielos se distinguen según la inocencia; los que están en el primer cielo, o sea en el extremo, están en la inocencia del primer grado, o sea del último; los que están en el intermedio cielo, o sea en el segundo, están en la inocencia del segundo grado, o sea del intermedio; por otra parte, los que están en el íntimo cielo, o sea en el tercero, están en la inocencia del tercer grado, o sea del íntimo; estos son pues las inocencias mismas del cielo, porque con preferencia a los demás aman a ser conducidos por el Señor, como niños por su padre, por lo cual también reciben la Divina verdad, que oyen directamente del Señor, o sea por medio de predicaciones, inmediatamente en la voluntad y la hacen, introduciéndola así en el vivir. De ahí que su sabiduría tanto excede a la sabiduría de los ángeles de los cielos inferiores (véase n. 270, 271). Por ser tales, aquellos ángeles están más próximos al Señor, de quien tienen la inocencia, y asimismo se hallan apartados de lo propio hasta el punto de que viven, por así decir, en el Señor; parecen sencillos en forma exterior, y ante los ojos de los ángeles de los cielos inferiores, como infantes, o como párvulos, y también como quienes no son muy sabios, por más que son los más sabios de los ángeles del cielo; saben que nada de sabiduría tienen por sí mismos y que el ser sabio es reconocer esto, y reconocer además que lo que saben es como nada en comparación con lo que no saben. Conocer, reconocer y percibir esto, dicen que es el primer paso hacia la sabiduría. Estos ángeles se hallan también desnudos, puesto que la desnudez corresponde a la inocencia.

281. De la inocencia he hablado mucho con los ángeles y me han informado de que la inocencia es el ser de todo bien y por consiguiente que el bien es bien cuanto hay en él inocencia; en su consecuencia que la sabiduría es sabiduría cuanto hay en ella inocencia; de igual manera el amor, la cariad y la fe; que por eso nadie puede entrar en el cielo sin tener en sí inocencia, y que esto es lo que manifiesta el Señor cuando dice:

Dejad a los niños venir a mí y no les impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos,... amen, os digo, que él que no recibiere el reino de los cielos como un niño no entrará en él (Mateo 19: 14; 18: 3; Marco 10: 14, 15; Lucas 18: 16, 17).

Por "niños" aquí y también en otros lugares en el Verbo se entiende inocentes. El estado de inocencia ha explicado también el Señor (Mateo 6: 24, 25), pero exclusivamente mediante correspondencias; la causa de que el bien es bien tanto como en él hay inocencia es que todo bien es del Señor, e inocencia es querer dejarse conducir por el Señor. Me han informad o también de que la verdad no puede ser unida al bien ni el bien a la verdad, sino mediante inocencia; por esto es que un ángel no es ángel del cielo si no hay en él inocencia, porque el cielo no puede estar en ser alguno hasta que en él se halla la verdad unida al bien; por eso la unión de la verdad y el bien se llama un matrimonio celestial, y el matrimonio celestial es el cielo; asimismo se me ha informado que el amor verdaderamente conyugal deriva su existencia de la inocencia, puesto que viene de la unión de la verdad y el bien, en cuya unión se hallan las dos mentes, la del esposo y la de la esposa, y cuya unión, cuando desciende, se presenta bajo la forma de amor conyugal; porque tanto los cónyuges cuanto sus mentes, se aman mutuamente, por eso hay en el amor conyugal una jovialidad como en la infancia y la inocencia.

282. Puesto que la inocencia es el ser mismo del bien en los ángeles del cielo, es evidente que el Divino bien, que procede del Señor, es la inocencia misma; porque este bien es el que influye en los ángeles, y afecta sus íntimas cosas, disponiéndolas y acondicionándolas para la recepción de todo bien del cielo: lo mismo acontece en los niños, cuyo interior por medio del influjo de la inocencia del Señor no tan sólo se forma, sino que también se dispone y se adapta continuamente a la recepción del bien del amor celestial, siendo así que el bien de la inocencia obra desde lo más interior, porque, como se ha dicho, esta es el ser de todo bien. Puede por esto constar que toda inocencia es del Señor. De ahí viene que el Señor en el Verbo se llama "cordero," porque cordero significa inocencia. Puesto que la inocencia es lo íntimo en todo bien del cielo, afecta también a las mentes tanto que quien la siente, lo cual hace cuando se acerca un ángel del íntimo cielo, parécele no estar ya en su juicio, siendo por ello afectado y, por así decir, trasportado por un gozo, tal, que todo el gozo del mundo en comparación parece ser nada. Digo esto por haberlo experimentado en mí.

283. Todos los que se hallan en el bien de la inocencia son afectados por la inocencia y tanto como uno se halla en este bien tanto es afectado; y los que no se hallan en el bien de la inocencia no son afectados por ella; por lo cual todos los que están en el infierno están completamente en contra de la inocencia; tampoco saben lo que es inocencia; son hasta tales, que tanto como alguien es inocente tanto arden en anhelo de causarle daño; de ahí viene el que no pueden sufrir la vista de niños; tan pronto como los ven se enciende en ellos un cruel deseo de maltratarlos. Consta por esto que lo propio del hombre y de consiguiente el amor a sí mismo es contrario a la inocencia; porque todos los que están en el infierno están en el suyo propio y de consiguiente en amor a sí mismo.

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